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jueves, 14 de junio de 2018

Aromaterapia en Egipto - Parte II


Hatshepsut, 
la primera mujer faraón de Egipto-Parte II




A la muerte de su padre, Hatshepsut, de 12 años de edad, abandonó la oscuridad del palacio de las mujeres para casarse con su medio-hermano, Tutmosis II y se convirtió en reina consorte de Egipto, un papel para el  que había sido preparada por su padre.  Hatshepsut prefería el título de “esposa de Dios” (como se ha señalado, los faraones eran considerados semi-divinos). Evelyn Wells informa que, al casarse con Tutmosis II, Hatshepsut se comprometió a ser “femenina a un nivel divino, a exudar perfume al andar y a hablar en un tono que llenara el palacio de música”.  Al igual que su padre, Hatshepsut fue una innovadora.  Los historiadores comentan que Tutmosis II llevó a su hija en la barcaza real para viajar por el Nilo, presentarla a las autoridades de las principales ciudades y prepararla para el momento en que fuera reina.  Mientras la barcaza viajaba hacia el norte, ella conoció un canal que iba desde la rama oriental del Nilo hasta el mar interior y la tierra de Punt (hoy conocida como Somalía), acerca de la cual había escuchado historias que la hacían soñar.  Esta tierra roja contenía “el toque de oro y de marfil, las voces de extraños animales, el olor de su incienso favorito de los árboles de Mirra con aroma cítrico que crecían en Punt” Tal vez, durante este viaje fue que resolvió enviar, algún día, una expedición a Punt.

A los pocos años de su reinado, Tutmosis II murió de viruela.  Después de su muerte, Hatshepsut se convirtió en la primera mujer en gobernar Egipto ella sola. Continuo con el amor de su padre por el orden de las formas de gobierno, por la arquitectura y por las relaciones humanas. A pesar de tener que competir con sus parientes varones para conservar su posición, ella pasó a ser gobernante regente de Egipto a ser Faraón, cargo que ocupó durante 22 años. 

Decidió que durante su reinado quería construir y explorar, en lugar de destruir y conquistar.  Esta ha sido la típica actitud femenina que se observa en las mujeres soberanas, las mujeres con poder a lo largo de la historia, especialmente aquellas que utilizaron aceites esenciales.

La historia mitológica de la ascensión política de Hatshepsut está registrada en las paredes de su templo de Deir el-Bahari: “Su padre humano, Tutmosis I, la presenta a la corte real, la designa y la reconoce como heredera.  Tan pronto como fue anunciada su titulatura, se sometió a un rito mayor de purificación (con Mirra)”

Hoy en día, nuestra consciencia se está abriendo a la divina femineidad. La antigua sociedad egipcia ofrece un tributo a lo femenino al reconocer y aceptar a su mujer faraón, así como en su énfasis en la belleza artística, en la moral en la vida cotidiana y en la sanación intuitiva a través del sentido del olfato.  La muy unida familia real de Tebas, en la que la reina era, a menudo, la hermana ó la media hermana del rey, utilizaba la inteligencia y la astucia política de sus mujeres para gobernar más efectivamente.  Las mujeres eran, a veces, retratadas en el arte ya que se las  había respetado y se les había dado más libertad que en la mayoría de las culturas antiguas. Los egipcios tenían una moral y un sentido de la humanidad que le permitió, a una mujer como Hatsheptsut, prosperar en un mundo dominado por hombres.

Otro valor femenino manifestado en la cultura egipcia fue el amor por los jardines.  Los egipcios, que apreciaban mucho las plantas y los árboles exóticos, habían importado árboles de granadas y olivos.  En las hermosas terrazas de su templo en Deir el-Bahari, Hatshepsut ordenó la siembra de 23 árboles de Mirra.  En la decoración de su templo hay un relieve pintado con los más brillantes colores que representaba en detalle el transporte de estos árboles preciosos.  Hatshepsut envió una expedición real de 5 embarcaciones a remo a la tierra de Punt (en la actualidad Somalía). El relieve en su templo muestra flexibles árboles, misteriosos animales y a la regordeta reina Ety de este país extranjero.  Punt era rico en resinas preciosas como la multifacética Mirra y el noble Incienso, que Egipto necesitaba para producir Incienso y su perfume favorito, el Kyphi.  Como se ha señalado, se quemaba Incienso en gran cantidad durante los rituales diarios del templo, y la Mirra se utilizaba en la momificación y en la elaboración de perfumes y medicinas.  Por ejemplo “a aquellas personas que padecen aliento agrio.. se les aconsejaba masticar bolitas de Mirra para aliviar sus síntomas”  A Neshi, uno de los administradores de Hatshepsut a cargo del  viaje, se le pidió que trajera, a su regreso, árboles vivos de Mirra, los cuales no se podían encontrar en Egipto.



Los árboles, con las raíces hechas un ovillo, iban a ser replantados en el jardín de Amón en Deir el-Bahri. El dios Amón olía como el perfume de Punt.  Además de la resina de Mirra y los árboles, los barcos regresaron con ébano, con ganado, con monos, con plata, con oro, con lapislázuli y con malaquita.  Una inscripción en el templo de Hatshepsut reza así: “Nunca se le trajeron tales cosas a ningún rey desde que el mundo es mundo”

Tradicionalmente el rey era un hombre.  El faraón egipcio era un dios en la Tierra, el mensajero entre el pueblo egipcio y sus dioses.  Después de su coronación, Hatshepsut desechó la vestimenta femenina de su época y optó por llevar la vestimenta típica de un rey masculino;  una falda corta, un cuello ancho, una tela ó una corona en su cabeza y una barba postiza.  Una antigua estatua la muestra sentada, usando una falda y un paño en la cabeza, pero también muestra, claramente, las ligeras y suaves curvas de una mujer joven.  Más tarde, en muchas pinturas y estatuas, lleva ropa de hombre y parece tener cuerpo de hombre.  Conocida como el primer faraón mujer, ella debe haber sentido que su imagen sería más aceptada por sus sacerdotes y súbditos llevando vestimenta masculina tradicional.  Además de rey con barba, fue retratada como una esfinge y como una diosa, pero nunca como una mera mujer, a excepción de la estatua de ella como joven reina.

Hatshepsut postuló a Senemut, un conocido arquitecto de humildes padres para que ayudara en los proyectos de construcción. Él, como ella, tenía un extraordinario intelecto y una poderosa personalidad.  Ella le había hecho diseñar y construir obeliscos en el templo de Amón-Ra en Karnak.  Sus puntas gemelas estaban enfundadas en finas hojas de oro para que brillaran bajo los rayos del feroz sol egipcio. Fueron maravillas de la ingeniería sobre las que Hatshepsut había grabado muchos escritos acerca de su vida.

Su construcción más importante fue su templo funerario, Djeser-Djeseru, una obra maestra de la arquitectura ajustada perfectamente, a su entorno natural. En “The XVIII Dynasty Temple of Deir El-Bahri” Eduard Naville describe este templo: “La gran originalidad de su complejo reside en su organización en una sucesión de terrazas… que armonizan con el anfiteatro natural de los acantilados”  El hermoso templo de piedra blanca contrapuesto a los acantilados de color de rosa fue el primer templo de la historia excavado en la roca.  Incluso, hoy en día, su sorprendente y magnífica construcción parece de diseño contemporáneo.

Los últimos días de Hatshepsut están envueltos en el misterio porque desaparece abruptamente de la historia registrada.  Su nombre fue quitado de muchos de sus retratos y monumentos.  Como resultado, quedó en el olvido durante casi 2000 años.  La expedición egipcia del New York Metropolitan Museum of Art de 1923 a 1928 descubrió numerosas estatuas de Hatshepsut y de Senemut en dos grandes depresiones frente a su templo.  Los arqueólogos creen que su celoso hijastro y sucesor, Tutmosis III, arrojó las estatuas allí y ordenó que su nombre fuera borrado de otros monumentos y estatuas en un intento de remover a su brillante tía y madrastra de la historia egipcia.  Los historiadores creen que murió en el año 1458 a.C. y que fue enterrada en el Valle de los Reyes, aunque su cuerpo aun no ha sido encontrado. Tutmosis III no pudo borrar del todo su legado.  Su templo en Deir el-Bahri y las nobles inscripciones en sus paredes aun pueden verse hoy en día.  Cualquier visitante puede, fácilmente, evocar una imagen de este amable y sabio faraón en sus actividades diarias y oler la siempre presente Mirra, que le daba una sensación de equilibrio e inspiración, ayudándola en sus esfuerzos creativos y ayudándola a ganarse la admiración de aquellos a su alrededor.




Del libro “Aromaterapia, despertando a las fragancias curativas” 

(Elizabeth Anne Jones)
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Elsa B. Mirol Colella
CTS-Centro de Terapias para la Salud
(054-011) 4702-7734 / 15-5731-6361
info@center-salud.com
www.center-salud.com




viernes, 2 de marzo de 2018

Aromaterapia en Egipto - Parte 1


Hatshepsut,
la primera mujer faraón de Egipto-Parte I



Imaginate paseando por una preciosa terraza del piedra con una ligera brisa rozando tu mejilla, una brisa que lleva la fragancia intrigante de una rica nota de base terrosa, con un ligero matiz de naranja amarga que emana de una serie de árboles plantados en la terraza.  Mientras miras fijamente el río Nilo y su costa sinuosa, el pálido cielo azul de la mañana y las siluetas de los elegantes pájaros en vuelo, se siente al mismo tiempo atado a la tierra y elevado.  Así es como Hatshepsut, reina de Egipto, se sentía mientras caminaba por el sendero de árboles de Mirra en su meditación diaria.

Única en su naturaleza, en su posición y en su vida interior, Hatshepsut es in increíble modelo de cómo vivir con gracia, con los aromas que impregnan todos los matices de la vida.  Le encantaba su sentido del olfato, ya que le acercaba perfumes fascinantes cada día de su vida. Viviendo en la cumbre de la cultura egipcia, 3500 atrás, ella utilizó su posición como reina y faraón para manifestar una serena integridad, realizar inteligentes innovaciones y mostrar la belleza de las formas.

Hatshepsut nació alrededor del 1500 a.C, siendo la hija mayor de Tutmosis I y Ahmose (princesa heredera y hermana de Amenophis I), una alegre y compatible pareja real que reinó durante la Dinastía SVIII de Egipto.  Hatshepsut provenía de un linaje de grandes reyes.  El rey Ahomse, su bisabuelo, logró unificar el norte y  el sur de Egipto cerca del año 1550 a.C.  Se convirtió en uno de los más grandes reyes de Egipto y fue el fundador del Nuevo Reino, la Dinastía XVIII. El abuelo de Hatshepsut, Amenhotep I, construyó los templos de Tebas dedicados al dios Amón. Su padre, Tutmosis I, construyó dos obeliscos, de casi 64 pies de alto, tallados con escenas de sus victorias en las batallas.  Durante la Dinastía XVIII, Egipto estableció una provincia extranjera en el río Éufrates. La arquitectura estaba en su apogeo con enormes y espectaculares construcciones alrededor de Tebas, como los templos de Luxor y Karnak.  Fue el padre de Hatshepsut quien comenzó con la tradición de los sepelios en el Valle de los Reyes.  Egipto también alcanzó el pináculo de la expresión religiosa y artística durante la notable Dinastía XVIII. Esta civilización surgió, casi totalmente formada en el año 4500 a.C. con influencias de Sumeria y terminó alrededor del año 100 d.C. con Cleopatra VII.  El río Nilo que corre de sur a norte por le desierto hasta su delta en el Mar Mediterráneo, originó el fértil valle que fue el asentamiento de esta cultura.  Las inundaciones anuales del Nilo proveyeron el suelo aluvial para cultivar cereales, verduras, hierbas y árboles.  Las fragantes plantas permitieron el surgimiento de la Aromaterapia, la cual se convirtió en un importante elemento de la cultura egipcia.

Los habitantes del río Nilo fueron, primero, reunidos en el 3100 a.C. bajo el reinado del rey Narmer. Sus sucesores, llamados faraones, fueron considerados dioses, y así comenzó la Dinastía XXXI. De acuerdo al libro Hatshepsut: “De reina a faraón”: “En la historia del antiguo Egipto, hubo épocas en las que las dos tierras (el norte y el sur de Egipto), se unieron, fueron tiempos de prosperidad que produjeron un gran logro cultural”

Los egipcios abrieron las puertas a la civilización.  Ellos fueron los primeros en dar importancia a la vida familiar, la educación,  el  derecho, la escritura y el comienzo de la ciencia y de la ingeniería.  También introdujeron el uso de mesas y sillas, de herramientas de metal, armas, arte formal, baño y el comienza de la Aromaterapia. ¡Se trata de contribuciones increíbles!



Hatshepsut, fue la favorita de su padre, bendecida con belleza, con una mente rápida y una saludable energía.  Sabemos cómo se veía por las diferentes estatuas y pinturas preservadas por el New York´s Metropolitan Museum of Art. Era menuda, de piel color café claro, ovalados ojos color marrón oscuro y pelo negro ondulado.  Su suave cuerpo dorado estaba perfumado con todos los aceites exóticos de Egipto.  El  perfume fue un elemento de vital importancia en su vida. Una inscripción en su obelisco dice: “Merced a su propia majestad, puso con sus propias manos aceite de Anís en todos sus miembros. Su fragancia era como un aliento divino, su esencia llegaba tan lejos como hasta la tierra de Punt…”  Cuando era niña, Hatshepsut, vivió en un palacio de muchas habitaciones, con muchos medios hermanos nacidos de mujeres del harén.  De acuerdo con Evelyn Wells: “Las habitaciones estaban perfumadas con flores frescas y con densos perfumes orientales… con un dominante aroma a Mirra, que se convertiría en el favorito de Hatshepsut”

La importancia de los aceites esenciales no se limitaba a la familia real.  Integrados a la vida diaria en toda la sociedad egipcia, fueron utilizados en artículos de tocador, para la curación y en la celebración de rituales, como lo había sido durante siglos.  De hecho, el crédito por la invención de la Aromaterapia pertenece a los egipcios, sobre todo a Imhotep, el arquitecto y médico de la Tercera Dinastía (2650-2600 a.C.) que utilizaba aceites aromáticos en masajes y en reflexología.  Este primer  uso conocido, le ha valido el título de “abuelo de la Aromaterapia”

En la época de Hatshepsut, los egipcios consideraban una necesidad básica a los aceites perfumados para el cuerpo y elaboraron más de 30 tipos diferentes. Los aceites aromáticos eran añadidos a una base de grasa animal ó aceite vegetal, como el Aceite de Oliva, de Almendras ó de Sésamo;  los menos pudientes utilizaban Aceite de Palma ó Aceite de Castor.  Las resinas aromáticas, las hierbas y las flores le proveían de un dulce perfume.  Estos aceites perfumados se utilizaban en baños, en masajes, en la unción y en cosméticos.

Una práctica de sanación que se inició en Egipto fue el amor por el baño.  La preocupación por la apariencia estética y por la higiene llevó a los egipcios a hacer del baño uno de los recintos más atractivos en cualquier casa refinada.  Allí, las mujeres se bañaban en raros perfumes y luego usaban  ungüentos en la sala de masajes contigua.  Michal Dayagi-Mendel comenta en el libro “Perfumes and Cosmetics en the Ancient World”: “El uso de aceites y ungüentos fue predominante, entonces como ahora, para proteger el rostro y cuerpo del sol, del polvo y de la sequedad del clima. Estos aceites perfumados no se consideraban lujos y eran utilizados por hombres y mujeres de todos los estratos sociales”  También untaban, sensualmente, el cuerpo con aceites después del baño.  Entre las muchas pinturas en el magnífico templo de Hatshepsut en Deir el-Bahri hay uno de “una dama de la corte pasando por su rutina diaria de aseo.  Ella es atendida por cuatro doncellas, dos de las cuales vierten aceite perfumado sobre su cuerpo, mientras que una tercera masajea su hombro con una mano y con la otra, sostiene una flor de loto para que pueda olerla”
  
El uso de productos cosméticos fue muy popular en tiempos de Hatshepsut y los aceites  esenciales fueron un ingrediente en muchas pociones.  Las mujeres tenían encantadoras cajas de madera talladas con elaborados diseños.  Dentro de las cajas había frascos de henna para frotar las mejillas y lograr un rosado brillo, botellas de kohl negro para acentuar la belleza de los ojos y jarras de alabastro llenas de mezclas de perfumes para masajear todo el cuerpo.  Los arqueólogos han desenterrado objetos íntimos con el nombre de Hatshepsut, incluyendo un par de brazaletes de oro y un contenedor de alabastro con maquillaje para ojos con un aplicador de bronce.  Ella era a la vez un ser humano y una reina faraón semi-divina.

Cerca de Tebas, los arqueólogos encontraron un frasco de perfume de color turquesa, con el nombre de Hatshepsut grabado en su cuello, el hallazgo más antiguo de su tipo, lo que indica que probablemente  el embotellado de perfumes se inició en su época.  En esa época los egipcios utilizaban vidrios opacos coloreados con óxidos metálicos. Además tallaron hermosos contenedores de granito, diorita y alabastro con encantadoras formas de animales ó en forma de loto para contener los perfumados aceites y mantenerlos frescos.

En las grandes fiestas nocturnas de la corte real, las mujeres tenían un curioso ritual.  Usaban tortas en forma de cono hechas con grasa mezclada con aceite, perfumes y hierbas.  Estas toras se elaboraban mediante dos métodos diferentes.  Los egipcios carecían de nuestro destilador de moderno diseño con el condensador  de alambique, que Avicena inventó en el año 1000 a.C., por lo que sus aceites esenciales eran extractos de plantas.  Uno de los métodos fue el sistema de extracción de “enfleurage”, sobre todo para flores tan delicadas como el jazmín, la flor de loto y la rosa.  Los pétalos eran extendidos sobre una capa de grasa animal entre dos placas;  en un día la grasa, por lo general, habría absorbido la fragancia de las flores.  Cada día, durante 6 a 12 semanas,  nuevos pétalos reemplazaban a los viejos.  Este método todavía se utiliza hoy en día (por ej. en la India), para extraer Nardo (Polyanthes tuberosa). Ahora la pomada se lava con alcohol y se cuela, siendo este proceso similar al moderno de extracción por solventes.

Un segundo método de extracción de aceite vegetal es descripto por Pedanius Dioscórides, un médico griego que viajó por el mundo antiguo con el ejército romao en el año 1 d.C.   En su famoso libro “Materia Médica”, un ensayo sobre 700 plantas medicinales que fue un estándar por siglos, Dioscórides instruye: “Para hacer grasa de buey con aroma, elimine toda la sangre y la piel de la grasa.  Vierta sobre ella un poco de un aromático vino añejo.  Hierva a fuego lento hasta que la grasa haya perdido su propio olor y huela a vino.  A continuación, coloque 1.13 lts (2 pintas) de grasa en un tarro de barro limpio.  Mezcle con cyperus (un rizoma) y con palo bálsamo (para espesar), con brotes de palma finamente molidos, y con cálamo y 1 taza de vino añejo.  Lleve a ebullición 3 veces, saque del fuego y deje enfriar por 24 horas.  Vuelva a derretir y filtre a través de un lienzo en un recipiente limpio.  Selle y almacene”  Entonces, a la grasa de buey, se le daba forma de cono y la misma era fijada en una peluca ó era colocada sobre la coronilla.  Los conos se derretían en las calientes salas de banquetes y “el aceite perfumado rociaba cabezas y hombros para que olieran dulcemente y provocaran eróticos deseos (Jazmín)”  Esta costumbre puede parecer extraña para las mujeres modernas occidentales, pero era una maravillosa manera de recibir un tratamiento de Aromaterapia para la inspiración emocional y para lograr una piel hidratada. Incluso, hoy en día, ciertos miembros de las tribus beduinas siguen con las costumbre del cono perfumado.

Los egipcios son fuente de inspiración para nosotros en su objetivo por vivir la vida para el crecimiento espiritual.  El perfume formaba parte de las prácticas religiosas de Egipto, y estaba relacionado con la búsqueda del dios.  En su panteón, cada dios tenía una fragancia relacionada con su persona. La fragancia de Amón era la Mirra.  Hatshepsut, era devota de Amón-Ra (que significa “sol”), el rey del mundo.  Como otros pensadores de su tiempo, Hatshepsut creía en el carácter sagrado de todo lo vivido.  Esta fe le dio a su reinado una atmósfera de  serenidad y una certeza sin temor acerca de la vida futura.  La madre de Hatshepsut estimuló un fuerte sentido de la religión en su hija, quien recitaba muchas oraciones, celebraba rituales y adoraba bailar delante del altar.  La inscripción en uno de sus obeliscos en Karnak expresa su devoción y agradecimiento: “He hecho esto con un corazón lleno de amor por mi padre (Amón)… Yo no me he olvidado de los proyectos que él ha decretado divinamente… El es el que me guía…  y me dá instrucciones”

Los sacerdotes eran, usualmente perfumistas que elaboraban aromas para rendir culto en el templo, para rituales y ceremonias.  Por todo Egipto se encontraron recetas de aceites perfumados y de inciensos en las paredes de las habitaciones perfumadas adyacentes a los templos.  Las fragancias aromáticas eran ofrecidas como tributo al Estado para ser donadas a templos específicos.  Los egipcios creían que sus oraciones llegarían a los dioses con mayor rapidez si flotaban en el fragante  humo azul que, lentamente ascendía a los cielos.  En el libro “Perfume”, William Kaufman escribe: “La palabra “perfume” significa: a través del  humo” Los inciensos ardían en los funerales, en las ceremonias religiosas y en la coronación de los faraones.

Otra muestra de la importancia del perfume en la antigua religión egipcia es que su panteón incluía al dios del perfume, Nefertum, que inspiró a los sacerdotes para crear perfumes sagrados.  Mi amigo John Steele, arqueólogo y aromaterapeuta moderno, describe cómo los sacerdotes conocían la importancia de la respuesta bioquímica del cuerpo y de la mente humanos producto de la inhalación de un perfume como el Incienso (Boswellia carteri). Ellos buscaban elevar a los ciudadanos egipcios, emocional y espiritualmente, en grandes reuniones a través de fragancias transformadoras.

Los egipcios quemaban Mirra (Commiphora myrrha) todos los días, al mediodía, como parte de su ritual de adoración al sol. Esta fragancia tenía el efecto emocional de energizar, de superar la apatía y de conectar con la tierra, mientras que, al mismo tiempo, intensificaba la consciencia espiritual.  La resina de la Mirra es antiviral y similar a las hormonas, ya que equilibra la glándula tiroides.  La reina Hatshepsut masajeaba Mirra en la parte inferior de sus pies para exudar, continuamente, un agradable aroma para ella y para los demás, dondequiera que fuera.  El aceite le ofrecía a sus pies un ungüento antiséptico que evitaba la aparición de grietas en sus talones producto del calor del sol.

A medida que las moléculas de Mirra entraban en su torrente sanguíneo, estimulaban  su sistema inmunológico produciendo glóbulos blancos ó linfocitos.  Energéticamente, el aceite fortalecía su espiritualidad y aumentaba su necesidad de confiar en aquellos a su alrededor.  Hatshepsut amaba la Mirra porque le recordaba a su dios, Amón, y porque daba vitalidad a su mente y a su cuerpo.

Los egipcios también utilizaron los aceites esenciales para preparar a sus muertos.  Estaban preocupados por la continuación de la vida después de la muerte, creyendo en la transmigración del alma (el “Ka”). La preservación de la imagen humana a través de la momificación era importante para que el Ka y el cuerpo pudieran reunirse y volver a los placeres de la vida.  En las tumbas se prestaba especial atención a lo que fuera necesario en la vida eterna.  Los rituales que rodeaban la muerte eran la principal fuente de empleo en Tebas.  Los artesanos trabajaban en las tiendas toda su vida para proporcionar ataúdes, muebles, copas, y vasos de alabastro llenados con ungüentos.  La exquisita belleza y el cuidado de su trabajo, como se muestra en los artefactos de la tumba del rey Tutankamón, reflejan su creencia en la evolución de la consciencia humana, incluso después de la muerte.

La momificación era principalmente para la elite debido a los gastos en enormes cantidades de ungüentos aromáticos que eran necesarios. En primer lugar, los embalsamadores eliminaban el cerebro por la nariz e inyectaban Aceite de Cedro (Cedrus atlántica ó Cedrus libani) en la cabeza.  Luego, los intestinos eran desprendidos con una incisión hecha con una cuchilla afilada en el costado y la cavidad del estómago era llenada con Mirra y Casia (Cassia marilandica), y luego se cerraba con suturas.  El cuerpo era colocado en natrón, un sesquicarbonato de sodio encontrado en el desierto, durante 70 días. “El cuerpo era ungido con aceites y grasas, era perfumado con Mirra y con Cedro mientras que se derramaba resina fundida por todo el cuerpo para cerrar los poros”, escribe Janet Buttles en el libro “The Queens of Egypt”.  El cuerpo era, luego, envuelto en metros de tiras de lino y untado con ungüentos perfumados, con fuertes poderes antisépticos que ayudaban a preservar los tejidos, incluso hasta nuestros días.  El Cedro fue especialmente efectivo para este propósito, debido a su efecto astringente y  deshidratante de los tejidos humanos.  El Juniperus virginiana es el Cedro Americano, y sus aceite tiene propiedades similares al Cedrus libani, los cedros de Europa y de  Oriente Medio, respectivamente.

El Cedro también elimina toda infección, incluso cualquier hongo y tiene una acción tranquilizante y calmante y esto ayudaba al fallecido que se embarcaba en su último viaje a la otra vida.  Además, los vivos lo utilizaban como tónico para cualquier dolencia ó dolor crónico.  Fue de gran ayuda para la tos y para las bronquitis.

El uso del Cedro en un baño trae alivio a la artritis y otorga una sensación de cómoda compostura.  También refuerza la conexión del individuo con Dios y otorga un sentido de equilibrio y de control.  Los egipcios utilizaban Cedro para fabricar objetos de madera que debían ser perdurables, tales como barcos, puertas de templos y ataúdes.  El cuerpo momificado era colocado en un ataúd de madera de Cedro adaptado al tamaño y a la forma del cuerpo.

Los frascos coptos de alabastro que contenían el corazón, los pulmones, el hígado y la vesícula biliar, eran llenados con aceites aromáticos, sellados para su uso futuro y colocados en la tumba con el cuerpo momificado de un egipcio reverenciado.  Cuando los arqueólogos abrieron la célebre tumba de Tutankamón, el olor de la Mirra y del Nardo impregnó el aire, incrementando el asombro y la admiración de los descubridores.

Del libro “Aromaterapia, despertando a las fragancias curativas” 
(Elizabeth Anne Jones)
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Elsa B. Mirol Colella
CTS-Centro de Terapias para la Salud
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lunes, 5 de enero de 2015

¡¡¡ FELIZ DIA DE REYES Y DEL ASTROLOGO !!!



  ¡¡¡ FELIZ DIA DE REYES Y DEL ASTROLOGO !!!






Mateo 2, 1-12
 
“Del Oriente vienen unos Magos”
Jesús había nacido en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando “¿Dónde está el Rey de los Judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”
 
Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto.  Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo y les hizo precisar dónde tenían que nacer el Mesías.  Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel”
 
Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella.  Después los envió a Belén y les dijo: “Vayan y averigüen bien todo lo que se refiera a es niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje”
 
Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino y fíjense:  la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño ¡Qué alegría más grande… habían visto otra vez la estrella!
 
Al entrar en la casa vieron al niño con María, su madre;  se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de Oro, Incienso y Mirra.
Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.


Los “Magos de Oriente” eran Astrólogos, porque la Astrología, en aquellos tiempos, era una ciencia.  Para comprender qué se consideraba ciencia en aquél entonces y qué se considera ciencia ahora, tendríamos que extendernos un poco en varias cuestiones, pero no es la idea hacerlo ahora.

Baste decir que en épocas de Jesús, se estaba mucho más cerca del lenguaje simbólico que desde aproximadamente el 1500, época del Renacimiento, cuando se comenzó a sobrevalorar a las ciencias basadas en el razonamiento, llamadas también “ciencias positivistas ó descartianas” (Descartes: “pienso, luego existo”).

En aquellos tiempos, aun existía la conexión con la intuición y lo inconsciente y las ciencias apoyadas en ellas eran respetadas.  Luego vivimos como humanidad, gradual desarrollo de la mente racional que se manifestó en el Renacimiento, cuando no por casualidad, se realizaron muchos descubrimientos en el plano físico. “El hombre se sumergió en el mundo racional y físico”.

Como toda etapa, tiene su ciclo y estamos siendo testigos de su finalización y el comienzo de una nueva, en la cual, sumaremos, al camino recorrido, es decir, al desarrollo y expansión de la mente racional, la percepción y la intuición “conscientes”

Hay muchas versiones acerca de lo que los Tres Reyes Magos vieron como “la estrella que describe la Biblia”.  Es difícil saber qué fue realmente. Pudiera haber sido una conjunción de planetas,  ó de planetas y una estrella, ó también el pasaje de un cometa.

Se les llamó “Magos de Oriente” a quienes fueron de la Mesopotamia, en especial la ciudad de Babilonia, donde existía en esa época una poderosa casta de sacerdotes y astrólogos que rendían culto a Marduk, como llamaban al planeta Júpiter. Marduk significa “estrella” en el idioma babilónico, era el hijo del Sol y representaba para ellos lo mismo que Zeus para los griegos ó Jupiter para los romanos. Entonces Marduk/Júpiter representaba para ellos la Sabiduría de la Creación.

Alguna de las versiones dicen lo siguiente…

Para el momento en que nació Jesús Júpiter hizo conjunción con Tiamat (Saturno), para septiembre del mismo año. Parece que fue de una gran belleza y la cercanía de Júpiter a la Tierra hizo que brillara mucho, apareciendo a su lado Saturno, aunque menos visible.
 
Es sabido que siete años a.C. se produjo una conjunción entre Júpiter y Saturno en el signo de Piscis.  Esta conjunción se produce cada 20 años y es conocida desde siempre como influencia sobre lo político-económico en los países, anticipando cambios, porque “el nuevo Dios Júpiter alcanza al viejo Dios Saturno”. 

Esta conjunción fue notable porque se dio tres veces, en mayo, octubre y diciembre, debido a sus fases retrógradas y simultáneas, algo que solo ocurre cada 200 años. 

También se sabe que en esta época se produjo el inicio de la Era de Piscis, después de permanecer 2200 años en Aries. De manera que efectivamente, con el nacimiento de Jesús se inició una nueva Era Astrológica. Simbólicamente, el pez (animal que simboliza a Piscis), se convirtió en importante símbolo para Cristo y el Cristianismo.
  
Saturno era considerado la Estrella de Israel y los astrólogos de la época asociaban la región de Judea con el signo de Piscis. La fase final de la conjunción se dio en la mitad del signo de Piscis que corresponde a la región de Jerusalén/Belén, donde se manifestó de manera más visible. Los Reyes Magos, llegaron a Jerusalén y preguntaron a muchos por el Mesías, pero nadie respondió. 

Una noche vieron una señal importante en el cielo: Júpiter se detenía en su camino y observaron que esto sucedía en la misma dirección en la cual estaba ubicada Belén, visto desde Jerusalén. La estrella se “detuvo” como dice la Biblia, sobre el establo donde nació Jesús. Esto fue cuando Júpiter cambió su dirección, de retrógrado a directo. Fue la última señal astrológica que indicó a los Tres Magos de  Oriente que debían ir a Belén. En su camino, asi como lo vemos en tantas imágenes conocidas, tuvieron a Júpiter de manera visible como guía delante de ellos. Al llegar a Belén supieron que el niño había nacido. Por lo tanto el nacimiento se produjo unos días antes de su llegada, y supuestamente, 7 años antes de la fecha que hoy consideramos como del año del nacimiento de Jesús.

¿Cuáles fueron los significados de sus regalos?
Oro, Incienso y Mirra… Oro para el Rey de Reyes, Incienso para su sacralidad, Mirra para su sacrificio.

El Oro es un metal asociado con lo Divino, difícil de hallar, difícil de extraer, y si consideramos la ley del Kybalión que dice que “como es arriba es abajo”, podemos decir que de la misma manera nos cuesta a quienes estamos encarnados en la materia, hallar lo divino en nosotros.

El Oro está vinculado al Sol, nuestra estrella, la que nos dá la vida, divinizado por las culturas antiguas a través de diversos nombres y relacionado en nuestra cultura, con Jesús. El color amarillo dorado como el color del Sol, se vincula a la Sabiduría Divina y, en conclusión, desde todo punto de vista, tiene un valor muy alto.


El Incienso, del cual se extrae el aceite esencial que se utiliza terapéuticamente, como así también se utilizan los granos de incienso para ser quemados en ritos religiosos, es conocido por todos. Es un árbol que produce una resina que es la que se utiliza para ambas cosas


El Incienso es una planta sagrada, se le reconocen propiedades tales como la invocación de lo Divino, el alejamiento de lo oscuro, en una palabra, del demonio.  Combate los miedos y conecta con las profundidades espirituales, por eso se lo utiliza para meditar, sintiéndose protegido.

Veamos lo que dice la Biblia respecto al Incienso, en el Antiguo Testamento:
 
“Harás asimismo un altar para quemar el Incienso. Lo harás de madera de acacia y tendrá medio metro de largo y de ancho;  es decir, que será cuadrado. Tendrá un metro de altura, y de sus cuatro ángulos saldrán sus cuernos, haciendo un cuerpo con él.  Lo revestirás de oro puro, tanto su parte superior como sus costados, así como sus cuernos.  Pondrás en su derredor una moldura de oro, y debajo de la moldura, a los costados, harás dos anillos de oro.  Los harás a ambos lados para  meter por ellos las varas con que transportarlo.  Estas serán de madera de acacia y las revestirás de oro.  Colocarás el altar delante de la cortina que abriga el Arca del Testimonio y ante el Lugar del Perdón que cubre el Testimonio, allí mismo donde yo te hablo. 
 
Aarón quemará cada mañana sobre él Incienso aromático, al preparar las lámparas, y hará lo mismo al atardecer cuando alimente las lámparas.  Este será el Incienso ante Yahvé, de generación en generación.  No se ofrecerá sobre este altar Incienso profano, ni holocausto, ni víctima, ni se derramará sobre él vino alguno.  Una vez al año Aarón hará la expiación sobre los cuernos del altar.  Hará la expiación sobre el altar una vez al año con la sangre del sacrificio por el pecado, y esto, de generación en generación.  Será pues, un lugar muy sagrado para Yahvé.
Exodo 30, 1-10

La Mirra, utilizada en la antigüedad para colocar sobre los difuntos, por sus propiedades aromáticas y antibacterianas.

¿Qué decía la Biblia acerca de la Mirra?


“Yahvé dijo a Moisés: “Toma aromas escogidos de Mirra pura, quinientos siclos, de Cinamomo, doscientos cincuenta, de Caña Aromática, doscientos cincuenta, de Canela, quinientos, en siclos del santuario, y un sextario de Aceite de Oliva. Preparás con ello el óleo para la unción sagrada, perfume aromático como lo prepara el perfumista. Con él ungirás la Tienda de las Citas y el Arca del Testimonio, la mesa con todos sus vasos, el candelabro con todos sus utensilios, el altar del Incienso, exaltar de los holocaustos con todos sus utensilios y la pila con su base. Así los consagrarás y serán cosas muy santas. Todo lo que las toque quedará santificado.  Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. Luego dirás a los hijos de Israel: Este será para ustedes el óleo de la unción sagrada de generación en generación. Nadie se ungirá con él, ni tampoco harán otro óleo de semejante composición. Es santo y lo tendrán por cosa sagrada. Cualquier hombre que prepare semejante ó derrame de él sobre un extraño será exterminado de entre los suyos”

Exodo 30, 22-33
 

“Cada joven debía presentarse por turno ante el rey, después de haberse preparado durante doce meses, como estaba establecido para las mujeres.  En los primeros seis meses de esta preparación, las jóvenes debían usar en su tocador Aceite de Mirra, y en otros seis, perfumes y cremas propios de las mujeres”

Ester 2, 12


“Amas lo justo y odias lo que es malo;
por eso Dios, tu Dios, te dio a ti solo
una unción con perfumes de alegría
como no se la dio a tus compañeros.
Mirra y áloe impregnan tus vestidos,
Al son del arpa alegra tu casa de marfil”
Salmo 45, 8


“Tenía que ofrecer un sacrificio, hoy mismo tuve que pagar mi manda.  Salí pues a buscarte para que estés en el banquete y te encontré. Adorné mi cama con un cobertor de fina tela de Egipto. Perfumé mi lecho con Mirra, Aloe y Canela.  ¡ Ven, entreguémonos al placer, embriaguémonos de amor hasta el amanecer ! Mi marido no está en casa, salió de viaje a un lugar lejos de aquí;  se llevó el dinero y no volverá a
casa hasta la Luna Llena”

Proverbios 7, 14-20



¡¡ Celebremos este día, con todo su significado!!  La unión de lo mental/racional con lo simbólico representado en los Tres Reyes Magos, científicos de la antigüedad, representantes de los sabios de la época que… reconocieron a Jesús como el Redentor del mundo.

¡¡¡Celebremos este Regalo que nos fue dado, y que los Reyes Magos validaron también, regalándonos a nosotros mismos el don de la percepción de lo Divino en nosotros y en todo lo que existe!!!

Prof.  Elsa B. Mirol Colella 
Directora
CTS - CENTRO DE TERAPIAS PARA LA SALUD

Miembro de la Asoc. Dr. Bach Argentina
Nº Matricula I.G.J. Nº 000276

Terapeuta  Floral Niveles I, II y III
Investigadora - Elaboradora
Aromaterapia y Gemoterapia Niveles I y II
Musicoterapia - Astrología - Marketing Holístico
Terapeuta Corporal Kung Fu Chio
Asociada Trainer Deva´s
Tel: (54-11) 4702-7734 / 15-5731-6361