jueves, 22 de septiembre de 2016

SOMOS LA CAUSA DE NUESTRO SUFRIMIENTO III - Discurso del Dr. Edward Bach



SOMOS LA CAUSA DE NUESTRO SUFRIMIENTO III


(Tercera parte del discurso pronunciado en Southport, en febrero de 1931, ante la comunidad médica inglesa)







Echemos una mirada ahora, por un momento, al hospital del futuro.



Será un santuario de paz, esperanza y alegría. Sin prisas, sin ruido, enteramente desprovisto de todo el aterrorizante aparataje de hoy en día, libre del olor de antisépticos y anestésicos, desprovisto de todo lo que sugiere enfermedad y sufrimiento.  No habrá ya frecuentes y perturbadoras interrupciones del descanso de los pacientes para tomarles la temperatura, ni un examen cotidiano con estetoscopios y palpaciones que impresionan su mente sobre la naturaleza de la enfermedad.  Tampoco se le tormará el pulso constantemente para sugerir que el corazón está latiendo demasiado aprisa. 



Porque todo esto impide que haya una atmósfera de paz y calma, tan necesaria para que el paciente logre una rápida recuperación.



Tampoco se necesitarán laboratorios, porque el examen minucioso y microscópico del detalle ya no importará cuando haya una comprensión total de que es al paciente a quien debe tratarse y no a la enfermedad



La finalidad de  todas las instituciones será tener una atmósfera de paz y de esperanza, de alegría y de fe.  Se hará todo para animar al paciente a que olvide su enfermedad, para que luche por su salud y al mismo tiempo que corrija cualquier falta en su naturaleza, y que alcance la comprensión de la lección que tiene que aprender.



Todo lo que tenga que ver con el hospital del futuro será bello y estimulante, de modo que el paciente busque refugio allí, no solo para aliviarse de su enfermedad sino también para desarrollar el deseo de vivir una vida en mejor armonía con los dictados de su alma que la que vivía anteriormente.



El hospital será la madre de los enfermos, los llevará en sus brazos, los calmará y confortará, y les dará esperanza, fe y valor para sobreponerse a sus dificultades.



El médico del mañana se dará cuenta de que él, por sí mismo, no tiene poder para curar, pero si dedica su vida al servicio de sus semejantes, a estudiar la naturaleza humana a fin de comprender, en parte, su significado, a desear de todo corazón aliviar a los enfermos, entonces, a través de él, tal vez sea enviado el conocimiento que lo guíe y el poder de curar para aliviar la pena.



E inclusive entonces, su poder y su capacidad de ayudar se verá proporcionada a la intensidad del deseo y de su voluntad de servir.  Entenderá que la salud, como la vida, es de Dios, y solo de Dios.  Que él y los remedios que use son meros instrumentos y agentes del Plan Divino para ayudar a devolver al sufriente al sendero de la Ley Divina.



A este médico no le interesarán la patología ó la anatomía patológica, porque él estudiará la salud.  No le importará si, por ejemplo, la respiración insuficiente fue causada por el bacilo tuberculoso, el estreptococo ó cualquier otro organismo.  Pero sí le interesará, y mucho, saber por qué el paciente debe sufrir esa dificultad en su respiración.  Nunca se preocupará por saber cuál de las válvulas del corazón está dañada pero será vital darse cuenta de qué manera el paciente está desarrollando incorrectamente su amor.  No se requerirán ya rayos X para examinar una articulación con artritis, pero si, en cambio, investigar en la mentalidad del paciente para descubrir la rigidez de su mente.



El pronóstico de la enfermedad ya no dependerá de los signos y síntomas físicos sino de la capacidad del paciente para corregir su falta y armonizarse con su Vida Espriritual.



La formación del médico consistirá en un profundo estudio de la naturaleza humana, una gran percepción de lo puro y lo perfecto, una comprensión del estado Divino del hombre y el conocimiento de la manera de ayudar a aquellos que sufren de modo que puedan armonizar su conducta con su Yo Espritual llevando concordia y salud a su personalidad.



Deberá ser capaz de comprender, a partir de la vida y la historia del paciente, el conflicto que está causando la enfermedad y la falta de armonía entre el cuerpo y el alma, y poder así darle el necesario consejo y tratamiento para alivio del sufriente.



También tendrá que estudiar la naturaleza y sus leyes, y estar familiarizado con sus poderes curativos que podrá utilizar para el bien y el provecho del paciente.



El tratamiento del futuro brindará cuatro cualidades al paciente.



Primero paz, segundo esperanza, tercero alegría y cuarto fe.



Y todo el ambiente y atención estarán dedicados a ese fin.  Se rodeará al paciente de una atmósfera de salud y luz tales que estimulen su recuperación.  Y al mismo tiempo, loso errores del paciente, habiendo sido diagnosticados, le serán indicados, dándosele la ayuda y el estímulo necesarios para que los pueda vencer.



Además de esto, se administrarán aquellos hermosos remedios que han sido Divinamente enriquecidos con poderes curativos, para abrir aquellos canales de la luz del alma que están limitados, de modo que el paciente pueda verse inundado con la virtud curativa.



La acción de estos remedios es la de elevar nuestras vibraciones y abrir nuestros canales para la recepción de nuestro Yo espiritual, inundar nuestra naturaleza con la virtud particular que necesitamos y lavarnos de la falta que está causando el daño. Como bella música ó cualquier cosa gloriosamente exaltadora que nos dé inspiración, los remedios pueden elevar nuestra misma naturaleza acercándonos a nuestras almas, y por este acto mismo brindarnos paz y aliviar nuestros sufrimientos.



No curan atancando la enfermedad sino inundando nuestro cuerpo de las hermosas vibraciones de nuestra naturaleza superior, en presencia de la cual la enfermedad se derrite como la nieve al sol.



Y por último, deben cambiar la actitud del paciente con respecto a la enfermedad y a la salud.




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Como parte de la Celebración del Mes del Terapeuta Floral, comparto artículos y diversos materiales de interés relacionados con la Terapia Floral y la obra del Dr. Bach.

El Día Internacional del Terapeuta Floral fue establecido en el año 2009, el día 24 de Septiembre, dia del nacimiento del Dr. Edward Bach,  a partir de la votación realizada en el Grupo de Terapeutas Florales "Flor Vida", de Argentina, al cual pertenezco, y como iniciativa del mismo, siendo aprobado por el Bach Centre de Inglaterra ese mismo año.

El Dr. Bach nació el 24 de septiembre de 1886, en Moseley, en las afueras de Birminhgham, Inglaterra.

Elsa B. Mirol Colella

Consultoría Psicológica y Floral
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www.center-salud.com

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